El cáncer de pulmón es una de las neoplasias más frecuentes y mortales a nivel mundial, con una tasa de mortalidad del 18.7%. Dentro de sus subtipos, el cáncer de células no pequeñas (CPCNP) es el más común, representando el 87% de los casos de cáncer de pulmón. A pesar de los avances en quimioterapia y radioterapia, la resección completa continúa siendo menor al 50%, y la recurrencia es una causa principal de mortalidad en estos pacientes. En la última década, se ha desarrollado un enfoque innovador mediante inmunoterapias que regulan la respuesta inmunológica activa o inactiva del sistema inmunitario, destacando los Inhibidores de Puntos de Control (Immune Checkpoint Inhibitors, ICTs). Estos medicamentos, que incluyen anti-PD-1 (muerte programada 1), anti-PD-L1 (ligando 1 del receptor de muerte programada), anti-CTLA-4 (antígeno 4 del linfocito T citotóxico) y anti-VEGF (factor de crecimiento endotelio vascular), han demostrado mejorar significativamente la supervivencia y el pronóstico en pacientes con estadios metastásicos del CPCNP siempre que la terapia sea personalizada según los biomarcadores presentes, como expresiones de PD-L1 o TMB. El problema radica en la alta resistencia y variabilidad en la respuesta a estos tratamientos, además de la necesidad de identificar qué anticuerpos monoclonales son más efectivos en distintas circunstancias clínicas. La evidencia existente, basada en estudios de revisión exploratoria, integrativa, sistemática y ensayos clínicos recientes, muestra que tratamientos combinados y monoterapia con ICTs, en particular anti-PD-1, PD-L1 y anti-VEGF, mejoran la sobrevida global, libre de progresión y la tasa de respuesta objetiva. Sin embargo, la elección del tratamiento depende de biomarcadores específicos y del estadio de la enfermedad, por lo que resulta fundamental recopilar evidencia sólida para definir las opciones más eficaces en diferentes perfiles de pacientes. La investigación desarrollada sobre estos anticuerpos monoclonales, su mecanismo de acción, indicaciones y resultados clínicos busca optimizar las estrategias terapéuticas y reducir la mortalidad asociada al CPCNP metastásico.
Lung cancer is one of the most common and deadly neoplasms worldwide, with a mortality rate of 18.7%. Among its subtypes, non-small cell lung cancer (NSCLC) is the most prevalent, accounting for 87% of lung cancer cases. Despite advances in chemotherapy and radiotherapy, complete resection remains below 50%, and recurrence is a primary cause of mortality in these patients. Over the past decade, an innovative approach has been developed through immunotherapies that regulate the active or inactive immune response of the immune system, highlighting Immune Checkpoint Inhibitors (ICIs). These drugs, including anti-PD-1 (programmed death 1), anti-PD-L1 (programmed death receptor ligand 1), anti-CTLA-4 (cytotoxic T lymphocyte antigen 4), and anti-VEGF (vascular endothelial growth factor), have shown to significantly improve survival and prognosis in patients with metastatic NSCLC, if therapy is personalized based on present biomarkers, such as PD-L1 expression or TMB. The challenge lies in the high resistance and variability in response to these treatments, as well as the need to identify which monoclonal antibodies are most effective in different clinical circumstances. Existing evidence, based on exploratory, integrative, systematic review studies and recent clinical trials, indicates that combined treatments and monotherapy with ICIs—particularly anti-PD-1, PD-L1, and anti-VEGF—improve overall survival, progression-free survival, and objective response rates. However, treatment decisions depend on specific biomarkers and disease stage, making it essential to gather solid evidence to determine the most effective options for different patient profiles. Research on these monoclonal antibodies, their mechanisms of action, indications, and clinical outcomes aim to optimize therapeutic strategies and reduce mortality associated with metastatic NSCLC.