RELACIÓN ENTRE FUNCIONAMIENTO FAMILIAR Y RESILIENCIA CON ADAPTACIÓN CONDUCTUAL EN ADOLESCENTES DE TRES COLEGIOS NACIONALES DEL DISTRITO DEL CERCADO DE LIMA TESIS PARA OPTAR EL GRADO DE MAESTRA EN PSICOLOGÍA CLÍNICA CON MENCIÓN EN TERAPIA INFANTIL Y DEL ADOLESCENTE SINDY YULISA AGUILAR LOAYZA LIMA – PERÚ 2023 ASESOR Dr. Giancarlo Ojeda Mercado JURADO DE TESIS DRA. ELIZABETH DANY ARAUJO ROBLES PRESIDENTA DRA. LILIANA CECILIA PANDO FERNANDEZ VOCAL DR. ALBERTO AGUSTIN ALEGRE BRAVO SECRETARIO DEDICATORIA A mi amado Dios y Padre Celestial, quien sostiene mi vida, me guía y me alienta a ser mejor cada día. AGRADECIMIENTOS A Dios, por darme sabiduría y fortaleza para culminar con éxito esta meta tan anhelada. A mis padres, por confiar en mí, por su amor y apoyo incondicional. A mi gran amigo Edgar, por su tiempo, compañía y aliento incansable. A mi asesor Dr. Ojeda, por su guía y sus valiosos aportes para lograr un trabajo de calidad. A las Instituciones Educativas y adolescentes que participaron en esta investigación, quienes ayudaron a que este estudio sea posible. FUENTES DE FINANCIAMIENTO Tesis Autofinanciada Tabla de Contenido RESUMEN ABSTRACT CAPÍTULO I: INTRODUCCIÓN ………………………………………………...1 1. Identificación y Formulación del Problema………………………………….1 2. Justificación e importancia de la investigación………………………………6 3. Limitaciones del estudio……………………………………………………..8 4. Objetivos de la investigación…………………………………………………8 5. Hipótesis……………………………………………………………………10 CAPÍTULO II: MARCO TEÓRICO……………………………………………..11 1. Aspectos conceptuales pertinentes …………………………………………11 1.1. Adolescencia…………………………………………………………..11 1.2. Funcionamiento Familiar ……………………………………………..21 1.3. Resiliencia …………………………………………………………….36 1.4. Adaptación Conductual………………………………………………..50 2. Antecedentes de Investigación…………………….………………………..58 2.1. Investigaciones Nacionales……………………………………………58 2.2. Investigaciones Internacionales………………………………………..65 3. Definiciones conceptuales y operacionales de variables…………………...74 CAPÍTULO III: METODOLOGÍA………………………………........................82 1. Nivel y tipo de investigación………………………………………………..82 2. Diseño de la investigación………………………………………………….82 3. Naturaleza de la población……………………………………………..…...83 4. Instrumentos de medición……………………………………..…………....87 5. Procedimientos de recolección de datos ……………………………………93 6. Aspectos éticos……………………………………………………………...94 7. Proceso de análisis de datos..……………………………………………….94 CAPÍTULO IV. RESULTADOS...……………………………………………....96 CAPÍTULO V: DISCUSIÓN...............................................................................115 CAPÍTULO VI: CONCLUSIONES...…………………………….…………….130 CAPITULO VII: RECOMENDACIONES ….....................................................132 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS……………………..………...................133 ANEXOS Índice de Tablas Tabla 1. Matriz de Operacionalización de Variables Tabla 2. Frecuencia y porcentaje de evaluados según edad Tabla 3. Frecuencia y porcentaje de evaluados según sexo Tabla 4. Frecuencia y porcentaje de evaluados según el grado de instrucción Tabla 5. Frecuencia y porcentaje de evaluados según el tipo de familia Tabla 6. Criterios de Cohen para la interpretación de coeficientes de correlación Tabla 7. Niveles de Funcionamiento Familiar de los adolescentes de tres colegios nacionales del distrito del Cercado de Lima Tabla 8. Niveles de Resiliencia de los adolescentes de tres colegios nacionales del distrito del Cercado de Lima Tabla 9. Niveles del Factor I (Disciplina y Orden) de Resiliencia de los adolescentes de tres colegios nacionales del distrito del Cercado de Lima Tabla 10. Niveles del Factor II (Realización y Autonomía) de Resiliencia de los adolescentes de tres colegios nacionales del distrito del Cercado de Lima Tabla 11. Niveles de Adaptación Conductual de los adolescentes de tres colegios nacionales del distrito del Cercado de Lima Tabla 12. Niveles de la dimensión Personal de Adaptación Conductual de los adolescentes de tres colegios nacionales del distrito del Cercado de Lima Tabla 13. Niveles de la dimensión Familiar de Adaptación Conductual de los adolescentes de tres colegios nacionales del distrito del Cercado de Lima Tabla 14. Niveles de la dimensión Escolar de Adaptación Conductual de los adolescentes de tres colegios nacionales del distrito del Cercado de Lima Tabla 15. Niveles de la dimensión Social de Adaptación Conductual de los adolescentes de tres colegios nacionales del distrito del Cercado de Lima Índice de Figuras Figura 1. Dispersión de las puntuaciones del funcionamiento familiar y la adaptación conductual en adolescentes de tres colegios nacionales del Cercado de Lima. Figura 2. Dispersión de las puntuaciones de resiliencia y adaptación conductual en adolescentes de tres colegios nacionales del Cercado de Lima. Figura 3. Dispersión de las puntuaciones de funcionamiento familiar y resiliencia en adolescentes de tres colegios nacionales del Cercado de Lima. Resumen El objetivo principal que se estableció para el presente estudio fue determinar el grado de relación existente entre el funcionamiento familiar y la resiliencia con la adaptación conductual en adolescentes de tres colegios nacionales del distrito del Cercado de Lima. La población objeto de estudio estuvo conformada por 311 adolescentes, de ambos sexos, pertenecientes a cuarto y quinto grado de educación secundaria de tres instituciones educativas nacionales en el Cercado de Lima, durante el año académico 2019. La recolección de datos fue a nivel censal, siendo un estudio de tipo transversal y correlacional. Los instrumentos de medición usados fueron el Inventario de Adaptación de Conducta (IAC) de Agustín Cordero y Victoria De la Cruz., la Escala de Resiliencia de Wagnild y Young y el Test de Funcionamiento Familiar FFSIL de Pérez, De la Cuesta, Louro y Bayarre. Los hallazgos obtenidos arrojaron una correlación de .45 con el coeficiente de correlación múltiple, siendo una relación de intensidad moderada entre variables, lo cual indica que el funcionamiento familiar y la resiliencia influyen en la adaptación de los adolescentes en las esferas personal, familiar, escolar y social. Asimismo, se halló una correlación moderada (r =.43) entre el funcionamiento familiar y adaptación conductual, correlación baja entre resiliencia y adaptación conductual (r =.301) al igual que entre el funcionamiento familiar y resiliencia (r =.311). Palabras claves: adolescencia, funcionamiento familiar, resiliencia, adaptación conductual. Abstract The main objective established for this study was to determine the degree of relationship between family functioning and resilience with behavioral adaptation in adolescents from three national schools in the Cercado de Lima district. The study population consisted of 311 adolescents, of both sexes, belonging to the fourth and fifth grade of secondary education from three national educational institutions in Cercado de Lima, during the 2019 academic year. Data collection was at the census level, Being a cross-sectional and correlational study. The measurement instruments used were the Behavior Adaptation Inventory (IAC) of Agustín Cordero and Victoria De la Cruz, the Wagnild and Young Resilience Scale and the FFSIL Family Functioning Test of Pérez, De la Cuesta, Louro and Bayarre. . The findings obtained showed a correlation of .45 with the multiple correlation coefficient, being a positive and moderate intensity relationship between variables, which indicates that family functioning and resilience influence the adaptation of adolescents in the personal, family spheres. , school and social. Likewise, a moderate (r =.43) and positive correlation was found between family functioning and behavioral adaptation, a low and positive correlation between resilience and behavioral adaptation (r =.301) as well as between family functioning and resilience (r = .311). Keywords: adolescence, family functioning, resilience, behavioral adaptation. 1 Capítulo I: Introducción 1. Identificación y Formulación del Problema De las etapas por las que evoluciona el ser humano, la adolescencia destaca por los múltiples cambios que se producen desde su fase inicial hasta su fase tardía. La psicología evolutiva da luces acerca de lo complejo que resulta para el individuo afrontar las demandas internas (cambios fisiológicos, biológicos y hormonales) y externas (medio social, familiar y académico) propias de esta etapa. Más aun tomando en consideración que cada adolescente es único en su manera de vivenciar y afrontar este proceso evolutivo, resulta un reto y a la vez una necesidad para los científicos de la conducta humana, conocer los mecanismos que contribuyen a que dicha población pueda lograr una adaptación exitosa a las demandas de la vida Para comprender este proceso es necesario remontarnos al núcleo donde se producen las primeras interacciones del ser humano, el cual es la familia, cuyo surgimiento se da como respuesta a la necesidad de supervivencia, de una organización social y del sentido de pertenencia del hombre (Rodríguez, N. 2012). Por ende, constituye el espacio primario de protección y formación por excelencia, siendo la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 (Naciones Unidas, 2015, p.34) la que le confiere una posición privilegiada como centro de la sociedad y del Estado que tiene derecho a gozar de protección. La importancia del núcleo familiar radica en que es un espacio de gestación de la identidad personal, de formación en roles, valores, creencias y costumbres que van a configurar la personalidad de sus integrantes, lo cual se verá reflejado en las 2 formas de interacción que establezcan con los demás actores sociales. En ese sentido, la familia cumple una función mediadora de los procesos sociales del individuo (Louro, 2004), dado que, al ejercer adecuadamente su rol formativo, puede dotarlo de capacidades para afrontar y ajustarse exitosamente a las demandas sociales. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la familia es un ente dinámico, en constante proceso evolutivo, el mismo que viene siendo impulsado por los cambios tecnológicos, sociales y culturales, que la conducen a transformar su funcionamiento lo que implica sus formas de crianza, la naturaleza de las relaciones intrafamiliares y extrafamiliares, los vínculos afectivos, los roles y patrones de comportamiento entre sus miembros, así como las formas de afrontamiento y adaptación a las adversidades de la vida. Sin duda ello viene generando repercusiones en la formación de sus miembros, lo cual resulta ser más complejo, cuando de criar hijos adolescentes se trata. Diversos estudios confirman lo anterior al aportar hallazgos de que los adolescentes que integran familias con un funcionamiento familiar disfuncional, es decir, con poca destreza del grupo familiar para afrontar los cambios evolutivos y las crisis, una pobre adaptación y un ambiente poco saludable, suelen evidenciar bajo rendimiento académico (Moreno y Chauta, 2012), síntomas depresivos (Culpin et al., 2013), consumo de sustancias psicoactivas (Ashby y Yaeger, 2003), deficientes relaciones sociales (Bell y Bell, 1982), intentos de suicidio (Guibert y Torres, 2001) e impulsividad (Negrete y Vite, 2011). 3 Por otro lado, se reportan investigaciones que avalan que la pertenencia a una familia con un funcionamiento saludable y un clima social familiar estable repercute en el desarrollo de una conducta resiliente en los adolescentes (García et al., 2014), promociona las habilidades sociales (Calderón y Fonseca, 2014), favorece su adaptación emocional, familiar, de salud y social (Pichardo et al., 2002). De allí que parte el interés del presente estudio por analizar la variable de funcionamiento familiar, en la medida que es una de las piezas claves en el proceso adaptativo de los adolescentes en las áreas de vida personal, social, familiar y escolar, que son las principales áreas de acción en los que se desenvuelven. El funcionamiento familiar connota un carácter sistémico (Castellón y Ledesma, 2012) ya que comprende una amplia gama de interacciones que se configuran en el interior del seno familiar, dotando de dinamismo a un sistema complejo como lo es la familia. Olson lo define en términos de cohesión y adaptabilidad, siendo el primero la interacción de vínculos afectivos, mientras que el segundo alude a la capacidad del sistema familiar de modificar su estructura en la medida que éste va atravesando diversas etapas evolutivas con la finalidad de superar los retos y dificultades que ello pueda conllevar (Ferrer et al., 2013). De allí que se comprende que el funcionamiento familiar está ligado al afrontamiento y adaptación a las diversas esferas sociales, pudiendo ocurrir que la familia como grupo social cuente con los recursos para guiar a sus miembros a lidiar con la adversidad y lograr un ajuste saludable, o en su defecto, tenga dificultades en el cumplimiento de sus funciones, convirtiéndose en un espacio que obstaculiza 4 el desarrollo de estrategias para enfrentar la vida de forma independiente, en este caso, por parte de los hijos adolescentes. Cuando no es posible desarrollarse en un espacio que garantice el bienestar físico, emocional y social del hombre, surge el cuestionamiento acerca de cómo llega el individuo a superar las vicisitudes de la vida para desarrollarse integralmente y gozar de salud mental. Es entonces cuando la noción de resiliencia cobra relevancia como un constructo dinámico que permite comprender este fenómeno de resurgimiento ante la adversidad. Wagnild y Young (1993) definen la resiliencia como un rasgo de la personalidad que es estable en el tiempo y se caracteriza por la confianza en uno mismo, ecuanimidad, perseverancia, satisfacción personal y autonomía para lidiar con las adversidades. Mientras que Vaquero (2013), señala que es un proceso dinámico que se configura a partir de la colectividad, que implica no solo al individuo, sino también a su contexto inmediato (familia, escuela, trabajo, relaciones sociales), a las políticas públicas, la ideología, la cultura y la moral. En ese sentido, la resiliencia puede considerarse como un constructo estable y dinámico a la vez. Estable en la medida que llega a consolidarse en la etapa de la adultez y se convierte en el recurso que usa la persona de forma permanente en el tiempo para afrontar la adversidad. Y es dinámico dado que, durante la infancia y la adolescencia, el individuo atraviesa por periodos de grandes cambios donde las experiencias de vida y los aprendizajes adquiridos moldean su personalidad, es decir, es un proceso de construcción de la personalidad, y de la resiliencia como un rasgo dentro de ella, que se irá consolidando con el tiempo. Como lo afirma Viruela (2013), la transición de la adolescencia a la edad adulta es compleja en la medida 5 que se producen cambios transcendentales que podrían generar modificaciones o ajustes en los rasgos de personalidad, con la finalidad de favorecer la adaptación de las personas a su entorno. Así, una persona resiliente vendría a ser aquella que es capaz de sostener su bienestar emocional y mental, recuperándose oportunamente y con cierta facilidad ante eventos estresantes y adversos (Ryff y Singer, 2003; citado en Pinto, 2014). Para ello, el individuo ha de valerse de sus recursos personales como la autonomía, autoconfianza, habilidades sociales, nivel intelectual, manejo de emociones, entre otros, para lograr dicho fin. En el contexto de Lima, estudios realizados sobre resiliencia en adolescentes indican que ésta sería un factor protector frente a la exposición a la violencia familiar y social (Pantac, 2017), impulsa la motivación para plantearse y perseguir un proyecto de vida (Flores, 2008) y reduce las posibilidades de presentar síntomas depresivos ante contextos adversos (Velásquez y Montgomery, 2009). Lo anterior da luces acerca de que la resiliencia permite a los adolescentes impulsar su desarrollo integral pese a que las condiciones ambientales le sean desfavorables, puede ser desarrollada por cualquier individuo de acuerdo a sus experiencias y aprendizajes de vida, sea con el soporte de otros o que se produzca como una fuerza innata en la persona ante situaciones complejas. El objetivo final es que los adolescentes logren adaptarse favorablemente a distintos contextos en los que requieren desenvolverse. De allí que interesa conocer las implicancias que podría tener el funcionamiento familiar y la resiliencia en la adaptación conductual de los 6 adolescentes a su entorno, la cual se manifiesta en cuatro ámbitos como personal, social, familiar y escolar (De la Cruz y Cordero, 2004), siendo dichos contextos donde trascienden la mayoría de experiencias de vida de los adolescentes, las cuales traen consigo retos y obstáculos que afrontar, así como exigencias a las que necesitan adaptarse para lograr un desarrollo integral. De acuerdo a lo fundamentado anteriormente se plantea el siguiente problema de investigación: ¿Cuál es la relación entre funcionamiento familiar y resiliencia con la adaptación conductual en adolescentes de tres colegios nacionales del distrito del Cercado de Lima? 2. Justificación e importancia de la investigación La justificación teórico-científica del estudio radica en el rol preponderante que cumple la familia como un espacio primario de socialización y formación para el individuo (Louro, 2004), lo cual favorece su desarrollo integral y lo dota de recursos para ajustarse a las demandas del entorno social. Asimismo, al aportar un sentido de pertenencia al grupo familiar, la persona puede desarrollar habilidades como el compromiso, la reciprocidad, la interdependencia y el manejo de las relaciones humanas que lo ayudaran a constituir su personalidad, relacionarse con el mundo y gozar de bienestar, como lo manifiesta Malde (2012; citado en Oliva y Villa, 2014). 7 Por ende, un adecuado funcionamiento del entorno familiar puede llegar a ser un factor primordial para el soporte emocional, social, espiritual y material que necesita todo adolescente, a fin de promover el desarrollo de su potencial y capacitarlo para enfrentarse a las exigencias del proceso evolutivo, favoreciendo su adaptación. No obstante, un entorno familiar poco funcional podría llegar a obstaculizar el desarrollo y adaptación de sus miembros, y sobre todo de los hijos adolescentes, quienes se encuentran en un proceso formativo de su personalidad. Por otro lado, el factor individual también cuenta en el proceso adaptativo, pues diversos autores [Carretero, 2010; Cyrulnick, 2001; Ryff y Singer (2003; citado en Pinto, 2014)] señalan que pese a que el ser humano puede estar inserto en un ambiente social hostil y adverso, es capaz de desarrollar sus propios recursos de afrontamiento y superación, demostrando un comportamiento resiliente que les ayuda a recuperar su bienestar emocional y sostener su adaptación a las situaciones que se presenten en el ciclo de la vida. Es así que la importancia de este estudio se sustenta en brindar hallazgos acerca de las implicancias que el funcionamiento familiar y la resiliencia podrían tener en la adaptación de los adolescentes a los contextos social, familiar, escolar y personal, en los que se desenvuelven en su diario vivir. Respecto a la relevancia social de la investigación, se busca aportar indicadores psicológicos relacionados al funcionamiento familiar y resiliencia que contribuyan a optimizar la adaptación conductual de los adolescentes en las esferas social, familiar, escolar y personal. Ello con la finalidad de promover el desarrollo de acciones preventivo promocionales en las instituciones educativas participantes 8 del estudio para garantizar una adecuada adaptación en los adolescentes a través del fortalecimiento de las características de una conducta resiliente y fomentando talleres psicológicos para sus familias con el fin de promover las características que ayudan a mantener un buen funcionamiento familiar. Las implicancias prácticas serían el diseño de estrategias de intervención psicológica, a nivel grupal e individual, dirigidas a potenciar aquellas características del funcionamiento familiar y la conducta resiliente que favorezcan el proceso adaptativo durante la adolescencia. Asimismo, proponer acciones para el manejo efectivo de aquellos aspectos que obstaculizan el ajuste psicológico en dicha etapa. 3. Limitaciones del estudio Un aspecto a considerar es la restricción para la generalización de los resultados, dado que no se trabajó con una muestra representativa sino con las bases de datos de toda población adolescente de los tres colegios de Lima (estrategia censal), de acuerdo los criterios de inclusión establecidos. Por ende, los hallazgos permiten explicar las variables estudiadas exclusivamente para los sujetos de estudio. 4. Objetivos de la investigación 4.1. Objetivo General Determinar la relación entre el funcionamiento familiar y la resiliencia con la adaptación conductual en adolescentes de tres colegios nacionales del distrito del Cercado de Lima. 9 4.2. Objetivos Específicos  Identificar la frecuencia por niveles de funcionamiento familiar de los adolescentes de tres colegios nacionales del distrito del Cercado de Lima.  Identificar la frecuencia por niveles de resiliencia general de los adolescentes de tres colegios nacionales del distrito del Cercado de Lima.  Identificar la frecuencia por niveles de los factores de resiliencia de los adolescentes de tres colegios nacionales del distrito del Cercado de Lima.  Identificar la frecuencia por niveles de adaptación conductual general de los adolescentes de tres colegios nacionales del distrito del Cercado de Lima.  Identificar la frecuencia por niveles de las dimensiones de adaptación conductual de los adolescentes de tres colegios nacionales del distrito del Cercado de Lima.  Identificar la relación entre funcionamiento familiar y adaptación conductual en adolescentes de tres colegios nacionales del distrito del Cercado de Lima.  Identificar la relación entre resiliencia y adaptación conductual en adolescentes de tres colegios nacionales del distrito del Cercado de Lima.  Identificar la relación entre funcionamiento familiar y resiliencia en adolescentes de tres colegios nacionales del distrito del Cercado de Lima. 10 5. Hipótesis 5.1. Hipótesis General  Existe alta correlación entre funcionamiento familiar y resiliencia con adaptación conductual en adolescentes de tres colegios nacionales del distrito del Cercado de Lima 5.2. Hipótesis Específicas  Existe alta correlación entre funcionamiento familiar y adaptación conductual en adolescentes de tres colegios nacionales del distrito del Cercado de Lima.  Existe alta correlación entre resiliencia y adaptación conductual en adolescentes de tres colegios nacionales del distrito del Cercado de Lima.  Existe alta correlación entre funcionamiento familiar y resiliencia en adolescentes de tres colegios nacionales del distrito del Cercado de Lima. 11 Capítulo II: Marco Teórico 1. Aspectos conceptuales pertinentes 1.1. Adolescencia Existen múltiples concepciones acerca de la adolescencia, sin embargo, se adoptarán aquellas que vayan acorde con la investigación realizada. 1.1.1. Definición de Adolescencia. El término adolescencia proviene de la raíz latina “esso” que significa “llegar a ser” y del verbo “adolescere” cuyo significado es “crecer”, haciendo alusión a un desarrollo progresivo hasta llegar a la adaptación (Valdivielso, 2015). Existen múltiples enfoques conceptuales acerca de la adolescencia, no obstante, es preciso señalar que como todas las demás etapas del ciclo vital posee características generales que se van a presentar en las personas, sin embargo, la distinción se va expresar por el grado en que se evidencian y la forma cómo los adolescentes afrontan los cambios propios de esta etapa. Por ende, es una etapa con características definidas, pero se vivencia de forma diferente para cada individuo por lo cual todos los adolescentes son únicos y distintos entre ellos. Desde el enfoque evolutivo, se comprende a la adolescencia como una etapa que conlleva cambios permanentes como plantea Valdivielso (2015) quien define la adolescencia como un periodo de cambio y transformación, lo cual implica un proceso en la etapa evolutiva y tiene un carácter dinámico. Por su parte, Aragón y Bosques (2012) la consideran como una etapa donde se producen cambios biológicos, psicológicos y sociales y se relaciona con la búsqueda de autonomía y 12 un sentido de vida, diferenciación continua del medio familiar, construcción de una identidad propia y búsqueda de pertenencia al grupo de pares. Desde el enfoque adaptativo, Secadas y Serrano (1981; citado en Orturo, 2014) destacan que la adolescencia implica aquellos intentos por adaptarse a las exigencias que impone la sociedad a los adolescentes, quienes tienen que lidiar además con los cambios propios de dicha etapa. Desde el enfoque cognitivo, Piaget propone que la adolescencia tiene como característica el logro del estadio de las operaciones formales donde se produce un pensamiento lógico abstracto lo cual permite al adolescente adaptarse al entorno (Orturo, 2014). Por otro lado, la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2018) concibe a la adolescencia como un periodo de transición entre la niñez y la edad adulta donde se produce un crecimiento y desarrollo de forma acelerada. El inicio de la pubertad define el ingreso a esta etapa, la cual se divide en adolescencia temprana (de 10 a 14 años) y tardía (de 15 a 19 años). En la adolescencia temprana priman los cambios físicos que se hacen evidentes al entorno, por lo que puede resultar una fuente de ansiedad o de entusiasmo para las personas que lo experimentan. Asimismo, se adquiere mayor conciencia respecto al género motivo por el cual las conductas se van ajustando a las normas sociales. Mientras que en la adolescencia tardía aún se presentan cambios, pero principalmente a nivel afectivo y psicológico, se va constituyendo la identidad y es un periodo de decisiones y nuevas oportunidades de desarrollo (Viruela, 2013). 13 1.1.2. Desarrollo de la adolescencia. 1.1.2.1. Desarrollo Biológico. Un marcador del inicio de la adolescencia podría considerarse a la pubertad, la cual se caracteriza por la maduración física asociada a cambios corporales y hormonales que se producen con rapidez (Ruiz, 2013). Entre los cambios más resaltantes se consideran el aumento de peso y estatura, cambios de las dimensiones corporales de forma poco armónica, generando torpeza motora, deficiente coordinación motora, fatiga continua, trastornos del sueño, entre otros aspectos que pueden generar inestabilidad emocional y conductual en la adolescencia temprana (Iglesias, 2013). Además, tiene lugar el desarrollo sexual distinguido por la maduración de los órganos sexuales, la aparición de atributos sexuales secundarios y el inicio de la capacidad reproductiva. Cabe resaltar que dicho desarrollo no es parejo en todos los adolescentes, cada uno lleva su propio ritmo (Ruiz, P., 2013). 1.1.2.2. Desarrollo Cognitivo. Piaget, uno de los teóricos más resaltantes del desarrollo cognitivo, plantea que los adolescentes construyen activamente su mundo y no solo acumulan experiencias e información de su entorno (Orturo, 2014). El mundo cobra sentido para los adolescentes en la medida que organizan sus experiencias y adoptan nuevas formas de pensar. De acuerdo a los estadíos del desarrollo cognitivo, el pensamiento operatorio formal es el que caracteriza al adolescente, iniciándose entre los 11 y 15 años de edad. Por su carácter abstracto pueden realizar conjeturas sobre situaciones imaginarias, hipotéticas o proposiciones estrictamente abstractas que facilitan la 14 capacidad de resolución de problemas. El razonamiento hipotético-deductivo capacita al adolescente para pensar de forma lógica y plantear posibles soluciones ante los problemas que podría enfrentar, a la vez, que su pensamiento es más crítico y cuestionador (Ruiz, P., 2013). 1.1.2.3. Desarrollo Social. El área social ofrece un amplio campo de acción para los adolescentes donde se van desarrollando una serie aspectos necesarios para la madurez psicosocial, que según Iglesias (2013) están relacionadas con la lucha dependencia-independencia, el énfasis en la imagen corporal, la asociación con el grupo de pares y la construcción de la propia identidad. En cuanto a la lucha por lograr mayor independencia, se sabe que en la adolescencia inicial (12 a 14 años) se da el comienzo de los conflictos entre hijos y padres, se visualiza una conducta más confrontativa frente a las indicaciones o normas que se quieren establecer en el hogar, por lo que el cuestionamiento y la negociación son las estrategias más usadas para la resolución. Durante la adolescencia media (15 a 17 años) se intensifican las contiendas y se busca mayor distanciamiento de los padres. Posteriormente, en la adolescencia tardía (18 a 21 años) los conflictos van cediendo ya que hay mayor integración con la familia, independencia y madurez (Iglesias, 2013). Respecto a la preocupación por el aspecto corporal, ésta se ve influenciada por los cambios físicos y psicológicos propios de la pubertad. En esta etapa los adolescentes exploran su cuerpo, algunos manifiestan rechazo hacia su aspecto físico, se sienten inseguros y crece el interés por la sexualidad. Durante la adolescencia media, mejora la aceptación del propio cuerpo, aunque se sigue 15 cuidando la apariencia externa. En esta etapa también las relaciones sexuales son más frecuentes. Ya en la adolescencia tardía la apariencia física cobra menor relevancia, con mayor aceptación del propio cuerpo (Ruiz, P., 2013). En cuanto a la integración con el grupo de pares, la amistad se convierte en el centro de importancia y se desplaza el apego por los padres. Las emociones priman en las relaciones sociales entre los adolescentes con énfasis en las interacciones con el sexo opuesto. Con el transcurrir de la etapa adolescente, los lazos se hacen más fuertes al punto de involucrarse en grupos donde perciben aceptación y un sentido de pertenencia, sin filtrar muchas veces, el nivel de riesgo de los mismos (grupos como pandillas, clubes, equipos deportivos, grupos juveniles de apoyo, entre otros); se siguen patrones de identidad (imitando modas y conductas de riesgo) lo cual promueve el desarrollo de aptitudes sociales. Al término de esta etapa, ya no importa mucho el buscar nuevas amistades sino el establecimiento de pocas relaciones, pero estables y duraderas, se consolida una relación de pareja (Villalba, 2015). Respecto a la formación de la identidad, al principio se adopta una visión utópica del mundo, con objetivos poco realistas, con énfasis en la impulsividad y dudas frecuentes. La necesidad de una mayor intimidad lleva a los adolescentes a mostrar rechazo por la interferencia de los padres en sus asuntos personales. En la adolescencia intermedia, tiene lugar un progreso cognitivo hacia un pensamiento más abstracto, aparece la creatividad y empatía con el otro, sienten que pueden tener el control de todo a su alrededor y algunos adoptan conductas riesgosas. Finalmente, las ideas son tornan más realistas, hay mayor compromiso con la vocación y un proyecto de vida, se afirman los valores y principios morales, ya se pueden 16 visualizar comportamientos más cercanos a los de un adulto maduro (Aragón y Bosques, 2012). 1.1.2.4. Desarrollo Afectivo. La autoestima y el autoconcepto constituyen dos elementos esenciales en el desarrollo afectivo de los adolescentes. La autoestima es una valoración global que hace la persona acerca de su yo, considerando su autovalía. Mientras que el autoconcepto hace referencia a una valoración más específica del yo en un ámbito específico como puede ser el deporte, lo académico, la música, entre otros (Ruiz, P., 2013). Las relaciones con los padres y con los iguales serán dos fuentes cruciales en la conformación de los mismos. Respecto a las relaciones con los padres, la expresión de afecto y la preocupación genuina por los problemas de los hijos, sin llegar a invadir su espacio personal, contribuyen a una alta autoestima. Además, si en el hogar existe armonía, normas claras y justas con su respectivo cumplimiento, participación de todos los miembros en actividades familiares conjuntas y la libertad al hijo para desarrollarse dentro de los límites establecidos, se refuerza el valor que asigna el adolescente hacia sí mismo como miembro importante de su hogar (Aragón y Bosques, 2012). En relación con los iguales, si el adolescente percibe soporte afectivo, apoyo genuino y considerado de su círculo de amigos y la aceptación incondicional de su persona, se tiene como resultado la integración del adolescente con una adecuada autoestima que le permite interactuar libremente dentro de su entorno social (Montoya y Landero, 2008). 17 1.1.3. Contextos sociales de interacción en la adolescencia. A continuación, se presentan los contextos sociales más comunes en los que se desenvuelven los adolescentes, de donde adquieren sus propias experiencias de vida. 1.1.3.1. Adolescencia y el contexto personal. No se puede catalogar a todos los adolescentes bajo un parámetro de funcionamiento psicológico universal, ya que los cambios que atraviesan los conduce a una diferenciación en las formas como se van adaptando a la demandas internas y externas a sí mismos. Según Ortuño (2014) en la lucha por obtener mayor independencia, el individuo que ingresa a la etapa de la adolescencia, va intentando construir un mundo que incluya todos los aspectos personales que considera importantes para sí mismo. La búsqueda de un espacio íntimo y personal se debe a la necesidad de ser reconocido como un adolescente capaz de tener el control de su vida personal. Aunque se sabe que al adolescente que inicia en esta etapa le falta desarrollar madurez y realismo respecto a la vida, el contexto personal cobra considerable importancia para afirmar su autoestima y seguridad, reivindicando su derecho a la diferencia. El respeto por el contexto personal del adolescente se convierte en conflicto, en muchos casos, cuando los padres no están dispuestos a ampliar los límites de acción del adolescente, considerándolos aún como niños inmaduros que no pueden gozar de libertad porque no toman adecuadas decisiones (Villalba, 2015). 18 No obstante, es parte del aprendizaje de los adolescentes el darles cabida para su espacio personal cuidando de que cumplan con sus responsabilidades, pero que, a su vez, disfruten del derecho que tienen a la privacidad. 1.1.3.2. Adolescencia y el contexto familiar. Santrock, J. (2004 citado en Ruiz, P., 2013) plantea dos conceptos que explican las relaciones familiares en presencia de hijos adolescentes. En primera instancia está la socialización recíproca que es definida como el proceso por el que los padres socializan a los hijos y viceversa. Hay una influencia bidireccional entre padres e hijos, en el cual intervienen la generación, el género y el rol de cada miembro de la familia. En segundo lugar, está la sincronía que se refiere a la coordinación en las interacciones entre padres e hijos, de tal forma que lleguen a sintonizar mutuamente sus comportamientos. Por ejemplo, la negociación entre padres y adolescentes que implica un dar y recibir mutuo, estaría reflejando la naturaleza recíproca y sincrónica de las relaciones. Es dentro del entorno familiar donde los adolescentes adquieren modelos de interacción que a lo largo de su vida influirán en sus relaciones sociales, sobre todo los adquiridos en la interacción con sus padres desde la infancia, aunque se van produciendo ciertas variaciones propias del proceso de madurez (Arias, N., 2013). Por otro lado, los padres desempeñan un rol fundamental como guías y supervisores de las nuevas relaciones y oportunidades que se les presentan a sus hijos en la medida que van ampliando su rango de conexión social. No obstante, existen problemas familiares que podrían influir negativamente en el bienestar de los adolescentes como el divorcio de los padres, 19 el fallecimiento de un familiar, el viaje o ausencia prolongada de un familiar, infidelidades descubiertas por los hijos, maltrato físico y verbal entre los padres, problemas económicos, entre otros. Todo ello podría afectar la adaptación del adolescente al medio social (Villalba, 2015). 1.1.3.3. Adolescencia y el contexto escolar. El contexto escolar es uno de los más enriquecedores para los adolescentes cuando es organizado y se fomentan los valores morales y la convivencia saludable. Es importante destacar que buena parte del tiempo los adolescentes conviven con los docentes, compañeros de clase y demás autoridades educativas, quienes juegan un rol crucial en la adaptación del menor (Iglesias, 2013). Si bien el ambiente educativo va estimular el desarrollo intelectual y cognitivo del adolescente, también contribuye a su desarrollo socioemocional y a la construcción de su personalidad por lo que no puede pasarse por alto la calidad de enseñanza vivencial y experimental que les ofrecen los docentes. Una de los eventos más importantes relacionado al contexto educativo es la coincidencia entre el ingreso a la pubertad y la transición hacia la educación secundaria. Estos cambios son trascendentales en la vida de todo adolescente y más aún cuando se producen en un solo momento. Lo cual conlleva a pensar en los recursos y el soporte afectivo y familiar que requieren los adolescentes para afrontar de la mejor manera dicha etapa (Ortuño, 2014, p. 45). Dichos cambios pueden resultar estresantes para el adolescente, el tener que enfrentar nuevos docentes, compañeros de clase y centro educativo, les demanda desarrollar capacidad de adaptación y flexibilidad para tolerar los cambios, la 20 apertura para establecer nuevas relaciones interpersonales y aprender a tomar decisiones respecto a su vocación profesional al término de la escuela (Ortuño, 2014; pp. 47-48). 1.1.3.4. Adolescencia y el contexto social. La naturaleza de la interacción social en la adolescencia es diferente en relación con la infancia. En esta primera etapa los niños tienen un amplio rango de amigos con quienes comparten juegos sin tener distinción o preocupación por el sexo opuesto y el rechazo se maneja con cierta tolerancia. Mientras que, en la adolescencia, el interés por las relaciones sociales va en aumento, sobre todo el hecho de “encajar” en el grupo de pares se vuelve en un logro importante que afianzará la seguridad, identidad y personalidad de los adolescentes (Montoya y Landero, 2008). Los amigos representan una fuente de apoyo afectivo y social que retroalimenta las habilidades de cada individuo y brinda información respecto al mundo externo que no se habla en familia. Para el adolescente es importante percibir que sus iguales lo integran y se siente identificado con ellos. La exclusión o el rechazo es motivo de estrés, frustración y tristeza intensa, llegando algunos a deprimirse o aislarse, teniendo mayor repercusión en la adaptación o ajuste psicológico del adolescente (Ortuño, 2014). Van surgiendo en el camino la conformación de grupos específicos por compartir algún interés en común como el deporte, la moda o un estilo de vida específico como las pandillas. Además, gran cantidad de adolescentes ya comienzan a experimentar las relaciones de pareja y la exposición a relaciones sexuales. Lo cual podría traer consigo conductas de riesgo que, si no se interviene 21 oportunamente desde el entorno familiar y escolar, podría conllevar a la desadaptación del menor. 1.2. Funcionamiento Familiar 1.2.1. Conceptualización de la familia. La familia como institución ha ido evolucionando en su estructura, sus relaciones de comunicación, así como en las funciones que ejerce, conllevando a una variabilidad de conceptualizaciones desde la filosofía, el derecho, sociología, la psicología, entre otras ciencias, que buscan comprender su funcionamiento. Para iniciar con la conceptualización de la misma es preciso mencionar la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 (Naciones Unidas, 2015, p.34) que indica en el artículo dieciséis que la familia es una pieza fundamental en la sociedad, siendo ésta misma juntamente con el Estado, los responsables de garantizar su protección. Por su parte Valladares (2008) define a la familia como una institución dinámica y activa en la medida que se encuentra en permanente cambio y desarrollo, así como la sociedad que progresa hacia nuevos estadios, siendo la familia el resultado de pertenecer a un sistema social más amplio. En ese sentido desde la perspectiva de la Sociología, la familia es concebida como una institución que emerge de la sociedad, la cual va estableciendo su dinámica de funcionamiento en base a las influencias sociales que recibe y va evolucionando a medida que la sociedad evoluciona. Al tomar en consideración el paso de las diversas épocas históricas se puede identificar la existencia de varias formas de organización familiar: la primera forma de unión fue la familia 22 consanguínea, la cual estaba basada en la necesidad sexual, donde no existía el matrimonio ni la distinción de relaciones entre padres, hermanos e hijos para unirse. Luego se produjo la familia punalúa durante el periodo del salvajismo, donde el matrimonio se daba en grupos, con acceso a las relaciones sexuales únicamente entre los pertenecientes a la tribu, aunque podía establecerse una relación con un compañero íntimo. Posteriormente surge la familia sindiásmica, donde se establece una relación de pareja definida, pero con acceso a mantener relaciones con otros miembros de la comunidad. Finalmente, tiene lugar la familia monogámica donde se afirma el matrimonio como una relación dual y privada, debido también a la necesidad de identificar la paternidad y ordenar la herencia de bienes a los hijos (Valladares, 2008; Villalba, 2015). Tomando como base a la familia monogámica, posteriormente han ido surgiendo nuevos tipos de familia, constituidos a partir de los cambios sociales, las exigencias económicas e influencias culturales. Desde el campo de la Psicología, el principal interés ha sido comprender el funcionamiento de interacciones familiares y la función que cumple ésta última en el desarrollo psicológico de sus integrantes. Para ello, el estudio de la familia se ha basado en una variada epistemología que incluye el enfoque evolutivo, estructuralista, la teoría de los sistemas, aunado a los aportes de la teoría de la comunicación humana y la cibernética. Bajo el enfoque evolutivo, la familia es un sistema que transcurre por diversos estadios, siendo muy similar a la dinámica de un ciclo vital. Cada una de las etapas de dicho ciclo posee sus propios roles y reglas, de acuerdo con la cultura 23 a la que se pertenece, siendo los miembros del entorno familiar los responsables de adaptarse a los retos de cada etapa para garantizar el funcionamiento y permanente crecimiento de la misma (Arias, W, 2012, p. 33). Mientras que el enfoque estructuralista desarrollado por Salvador Minuchin destaca la permanente evolución del sistema familiar, donde cada uno de sus miembros se van desarrollando en función al entorno familiar en el que se desenvuelven y van asumiendo patrones de interacción como costumbres, reglas, hábitos, vicios, los cuales se transmiten intergeneracionalmente Asimismo, introduce el concepto de límites o fronteras familiares internas que serían como reglas que organizan la interacción entre los subsistemas familiares, existiendo tres tipos, en función al grado de permeabilidad que presentan como son los difusos, rígidos y claros (Montalvo et al., 2013). Otra de las teorías importantes en la conceptualización de la familia es la Teoría de Campo propuesta por Kurt Lewin quien apuesta por la superación del estudio individual del ser humano para incluir un estudio integral de la persona juntamente con su entorno, en una relación de interdependencia cuya totalidad sería un campo (Arias, W., 2012). Dicho aporte serviría de base para futuros estudios de la familia desde la perspectiva ecológica. Bajo el enfoque ecológico, según Bronfenbrenner (1987; citado en Isaza, 2012), la familia es considerada como un microsistema, es decir, como un entorno primario en el que el ser humano recibe un gran bagaje de influencias a través de las interacciones y ejercicio de roles entre los miembros del entorno familiar. 24 Los intentos de la psicología por conceptualizar a la familia han ido atravesando cambios epistemológicos, siendo complejo llegar a un consenso al respecto. No obstante, esta investigación se orienta a comprender las relaciones de interdependencia entre los miembros de la familia como un factor primordial que está implicado en el desarrollo psicológico de cada uno de los mismos. 1.2.2. Funciones del sistema familiar. El contexto familiar es un entorno que posee un potencial innato para impulsar el progreso de sus miembros en la medida que sepa identificar y cumplir con las funciones que le compete como un espacio integrador y de soporte. De otro modo, podría convertirse en un ambiente que obstaculiza el crecimiento de sus integrantes repercutiendo en su salud mental (Villalba, 2015). El sentido de pertenencia del que se goza al ser parte de un grupo familiar es un factor que promueve bienestar, como lo enfatiza Malde (2012; citado en Oliva y Villa, 2014) al mencionar que los miembros pueden compartir un proyecto de vida y es en el seno familiar donde se aprenden las bases de las relaciones de compromiso, intimidad, reciprocidad y dependencia. La necesidad de pertenencia a un grupo familiar, por parte del ser humano, tiene un alto impacto en las relaciones entre adultos y niños, donde el factor de educación progresiva que ejerce el adulto irá repercutiendo en la formación de la identidad del yo del niño, en la socialización y autonomía, que finalmente se verá reflejada en su personalidad. A partir de lo anterior, se desprende una de las funciones vitales de la familia: la función socializadora. Desde la primera infancia, el ser humano, al estar 25 inserto en un contexto familiar, va adquiriendo elementos vitales que promueven su adaptación al medio social, como lo son las creencias, las normas, los valores y los patrones conductuales socialmente esperados. Siendo los padres los protagonistas en ese proceso de enseñanza y moldeamiento de los hijos, de tal forma que sean preparados para adaptarse a las exigencias sociales y lograr su integración (Musitu y Cava, 2001; citado en Isaza, 2012, pp. 2-3). Así, el sistema familiar cumple la función de ser el primer espacio psicosocial para los niños, desde donde se va impulsando su desarrollo y el establecimiento de su personalidad, buscando garantizar el éxito social de los mismos. Por otro lado, la familia cumple una función preponderante relacionada al soporte afectivo y la protección que le otorga a cada uno de sus miembros. Martín (2011) menciona que el niño, ya desde la etapa prenatal, es un objeto de afecto y va recibiendo influencias afectivas y de protección, que más tarde se expresan a través de emociones, sentimientos, motivaciones, preocupaciones, necesidades, entre otros, que son nutridas por el entorno familiar, repercutiendo en su desarrollo psíquico. De esta manera, las relaciones afectivas que se logran establecer desde el seno familiar tienen un impacto en la configuración mental del ser humano, siendo éste un ser social con necesidades de retroalimentación, soporte y protección, independientemente de la edad. Por ende, si la familia no es capaz de albergar afectivamente a sus miembros y brindar las condiciones de protección básicas para 26 salvaguardar su salud mental, podría verse obstaculizado la adaptación socioafectiva del individuo, teniendo un impacto negativo en su adaptación social. Asimismo, la familia cumple un rol educativo que implica una formación progresiva y permanente de sus miembros respecto a determinadas conductas que van a permitir al ser humano, desde su nacimiento, adaptarse a la vida y ello implica acciones básicas como hablar, comunicarse, comer, caminar, valerse por sí mismo, hábitos de vida saludables, entre otros. Además, la educación en valores morales, reglas, normas de convivencia y el desarrollo de habilidades e intereses personales, que en suma van a contribuir a la formación del carácter y personalidad de sus miembros (Palacios et al., 2013). 1.2.3. Conceptualización del funcionamiento familiar. Su definición connota un carácter sistémico (Castellón y Ledesma, 2012) ya que es un conjunto de relaciones que se configuran al interior del seno familiar, lo cual aporta un tipo de dinamismo a las interacciones de un sistema complejo como lo es la familia. Por ende, la dinámica relacional de la familia es un aspecto a ser tomado en cuenta para hablar de funcionamiento familiar, pues repercute en la atmósfera del hogar y en el nivel de satisfacción de sus miembros. Olson (citado en Ferrer et al., 2013) define el funcionamiento familiar en términos de cohesión y adaptabilidad. El primero implica la forma en que se producen los vínculos afectivos entre los miembros del hogar, mientras que el segundo alude a la capacidad del sistema familiar para modificar su estructura en la medida que éste va atravesando diversas etapas evolutivas con la finalidad de superar los retos y dificultades que se presenten. 27 Otro aspecto implicado en el funcionamiento familiar tiene que ver con el cumplimiento de sus funciones como sistema, siendo ellas las asociadas a la educación, socialización, protección, cobertura de las necesidades vitales, soporte afectivo y social, formación de valores e inserción en la cultura (Villalba, 2015; Martin, 2011; Palacios et. al, 2013). Asimismo, conlleva la habilidad para resolver las crisis durante el ciclo vital de la familia, lo que tendrá repercusiones en la conservación de la salud de sus miembros, o, por el contrario, desarrollen desórdenes emocionales (Ferrari y Kaloustian, 1998). Para afirmar que la familia presenta un apropiado funcionamiento será imprescindible que asuma responsablemente sus funciones, mantenga saludables relaciones intra-familiares, sea capaz de conservar la cohesión y ser adaptable a los cambios evolutivos. Ello favorecería una dinámica familiar funcional. Diversos autores (Ares, 2002; Ferrari y Kaloustian, 1998) coinciden en plantear que el funcionamiento familiar se comprende a partir de dos procesos, a saber:  Estructura familiar, que se comprende como la composición de la familia en dos niveles: el espacio físico, es decir, el número de miembros, la distribución de espacios, las condiciones socioeconómicas y el estado de la vivienda. El otro nivel es el espacio psicológico que implica jerarquías, limites, roles y la distribución del poder. Esta estructura tiende a ser estable en el tiempo, y por ende, a veces puede hacerse resistente a los cambios. 28  Dinámica Familiar, la cual se define como un proceso interactivo que describe el nivel de fluidez de las relaciones intra-familiares, los estilos afectivos, la tendencia para resolver los conflictos, los cambios que se producen como consecuencias de las interacciones y, dependiendo de la funcionalidad de la dinámica, podría favorecer o no los cambios y la adaptación a las crisis. Por su parte, Zaldívar (2002) explica que para que una familia obtenga un funcionamiento saludable, es preciso que cumpla con un conjunto de funciones que le han sido designadas histórica y socialmente, entre los cuales cita:  Impulsar el proceso de socialización de sus miembros.  Satisfacer las necesidades físicas y afectivas.  Contribuir a la generación de condiciones propicias para la construcción de una identidad sólida.  Instruir en valores éticos y culturales.  Sostener un ambiente equilibrado para enfrentar tensiones en el curso de la vida.  Educar para promover una convivencia social responsable.  Fortalecer la integración y los recursos familiares para adaptarse a los cambios.  La definición de patrones comunicativos directos y claros que fomenten la expresión de sentimientos positivos como negativos. 29 1.2.4. Modelos teóricos del funcionamiento familiar. 1.2.4.1. Modelo estructural de Minuchin. Es un modelo que surge entre 1970 y 1979 como una guía para la práctica terapéutica con familias que presentan dificultades en su funcionamiento familiar. El autor postula que los síntomas en los individuos son la expresión de la disfuncionalidad del sistema familiar (Palacios y Sánchez, 2016). Minuchin (1989) basó su planteamiento teórico en el concepto de estructura familiar, la cual definió como el conjunto de funciones necesarias para organizar las interacciones entre los miembros de una familia. Los criterios para evaluar la estructura familiar que propone el autor son:  Subsistemas, considerados como la agrupación entre determinados miembros en base al género, intereses, roles, entre otros aspectos tiene en común para cumplir con un objetivo en la dinámica familiar. Los subsistemas principales son: el subsistema conyugal (o de pareja), el subsistema paterno-filial (entre padres e hijos) y el subsistema fraterno (entre hermanos).  Límites, son criterios que regulan las acciones de los miembros, a fin de preservar un espacio de respeto.  Jerarquías, tiene que ver con las posiciones que poseen los miembros, el poder que ejercen y la diferenciación de roles.  Alianzas, son las uniones que se establecen entre dos o más miembros para cumplir con un propósito de carácter saludable. 30  Coaliciones, son uniones disfuncionales entre dos o más miembros para ir en contra de un tercero.  Triangulaciones, son uniones cuya finalidad es estabilizar la relación entre dos miembros de la familia a partir del sentido en referencia a un tercero. Además, Minuchin (1989) propuso tres axiomas como base transversal para aplicar su modelo en la práctica clínica:  Existe una constante interacción entre la vida psíquica del individuo y su medio externo.  Los cambios en la estructura familiar generan cambios en el plano conductual y psíquico de sus miembros.  Existe la necesidad de implicancia del terapeuta en el contexto familiar como un intermediario. 1.2.4.2. Modelo McMaster de Epstein, Baldwin y Bishop. Los autores crearon dicho modelo desde la perspectiva sistémica, quienes plantean que toda familia tiene la posibilidad de funcionar saludablemente si es que cumple con fomentar el desarrollo del sistema familiar y la autorrealización de sus integrantes (González y González, 2008). Amaya y Zacarías (2017) señalan los fundamentos sistémicos en los que se basa este modelo:  La familia es un conjunto de partes interrelacionadas entre sí.  Una parte de la familia no puede analizarse aislándola del resto. 31  El funcionamiento familiar no puede comprenderse analizando sólo una de sus partes.  La conducta de los miembros es determinada por la estructura y organización familiar.  Los modelos de transacción familiar configuran la conducta de sus miembros.  A partir de la interacción emerge el sistema familiar. Bottaro (2009) indica que la familia debe cumplir tareas específicas desde la perspectiva del modelo McMaster:  Área de tareas básicas, que implica suplir las necesidades vitales como alimentación, vestido, salud, entre otros.  Área de tareas del desarrollo, que se presentan por etapas según el desarrollo evolutivo de la familia como el matrimonio, el embarazo, el ingreso escolar del hijo mayor, etc.  Área de tareas de riesgo, que hace referencia a la capacidad para manejar las crisis como una enfermedad, accidentes, muerte de un miembro, cambios repentinos como la pérdida del sustento económico, entre otros. 1.2.4.3. Modelo Circumplejo de Olson, Sprenkle y Russel. Este modelo concibe el funcionamiento familiar en términos de cohesión y la adaptabilidad. Por adaptabilidad se entiende a la habilidad para trasformar las estructuras, roles y normas del sistema familiar, como respuesta ante las exigencias del medio 32 social, a fin de afrontar las vicisitudes de la vida. Para ello se precisa de un liderazgo familiar efectivo, el uso de estrategias de disciplina adaptativas, estilos de negociación, establecimiento de roles y reglas de interacción intrafamiliar. Al evaluar dichas características, se pueden establecer cuatro tipos de familias según su adaptabilidad (Ferrer et al., 2013):  Familias rígidas, donde predomina un alto nivel de exigencia para asumir las responsabilidades, visualizándose normas poco flexibles.  Familias estructuradas, donde existe una tendencia a la organización y el liderazgo es ejercido por los padres, las normas están claramente definidas de tal manera que cada miembro sabe lo que debe hacer.  Familias flexibles, donde lo usual es que los miembros asuman una postura democrática, con un tipo de liderazgo compartido, fomentándose el pensamiento autónomo y la capacidad de decisión en los miembros.  Familias caóticas, donde se evidencia poco sentido de la responsabilidad y ausencia de límites que regulen la interacción de los miembros, o en su defecto, las normas suelen modificarse a conveniencia. Mientras que la dimensión de Cohesión comprende la calidad de los vínculos emocionales, el nivel de intimidad y significado que se le asigna a las relaciones entre los familiares, respetando la autonomía de los mismos. Por ende, evalúa el grado de conexión o separación de cada uno de los miembros en relación a todo el resto de la familia, tomando en consideración el grado de dependencia emocional, las actividades familiares compartidas y el consenso conyugal para la resolución de conflictos. De lo anterior se desprenden cuatro tipos de familia (Aguilar, 2017): 33  Familias aglutinadas, las cuales son altamente dependientes entre sus miembros, donde los límites son difusos y las reglas son estrictas que limitan la autonomía y desarrollo personal.  Familias unidas, donde los límites con el mundo externo son semiabiertos y los límites intergeneracionales son claramente definidos. Ello fomenta la toma de decisiones compartidas, respetando el desarrollo individual.  Familias independientes, que incluyen límites internos y externos semiabiertos, además de límites intergeneracionales claramente definidos. Las decisiones suelen darse de forma individual, aunque con cierto grado de implicancia en las decisiones familiares.  Familias desligadas, donde predomina una extrema individualidad de los miembros, existiendo poco vínculo emocional y desinterés por compartir experiencias, siendo mínima o nula la cohesión. A su vez, el Modelo Circumplejo permite determinar tres niveles de funcionamiento familiar a partir del cumplimiento de las dimensiones descritas anteriormente. A saber (Ferrer et al., 2013):  Nivel balanceado. Implica un funcionamiento equilibrado de cohesión y adaptabilidad, ya que los miembros de la familia gozan de libertad para permanecer conectados o no a otros miembros del sistema, siendo una situación que puede variar por el dinamismo de las interacciones.  Nivel de rango medio. Las familias presentan dificultades en el funcionamiento de una sola dimensión, que podría estar relacionado a situaciones de alta tensión y conflicto. 34 Nivel extremo. Implica un funcionamiento deficiente en ambas dimensiones conllevando a interacciones caóticas y rígidas. 1.2.5. Percepción del funcionamiento familiar en adolescentes. En 1978 la Organización Mundial de la Salud señaló que el conjunto familiar goza de bienestar cuando es capaz de sostener un funcionamiento efectivo dentro de un contexto sociocultural. En esta conceptualización se enfatiza la generación de un ambiente social saludable en la familia donde sus miembros puedan desarrollarse con naturalidad, lo cual transciende el estado físico y mental de un solo individuo para pensar en el grupo familiar (Louro, 2004). Asimismo, su importancia radica en su capacidad para sostener los valores, las creencias y las pautas de comportamiento a través de las generaciones (American Academy of Pediatrics, 2003). Uno de los momentos cruciales en la evolución del sistema familiar es la llegada de los hijos a la etapa de la adolescencia, generando un impacto en el orden familiar. A consecuencia de los cambios que experimentan los adolescentes, se produce una transformación actitudinal hacia las normas, las autoridades, las costumbres, los valores y el manejo de los vínculos emocionales. Es así que se puede observar una actitud de rechazo, de desafío y cuestionamiento abierto a las pautas que anteriormente habían sido interiorizadas desde la infancia por el factor educativo. En consecuencia, diversos investigadores sobre el tema plantean que la estructura y la funcionalidad de la familia representan la base a partir de la cual se 35 irá construyendo el comportamiento adolescente, garantizando la funcionalidad familiar para lograr un desarrollo integral saludable en esta población (Araujo et al, 2012; Uparela et al, 2011). La familia como fuente de recursos para el afrontamiento exitoso de los cambios asociados al desarrollo evolutivo de los adolescentes, es una de las concepciones que se viene desarrollando con más ímpetu en las últimas investigaciones. El rol de los padres como soporte afectivo y social en el ajuste psicológico de los hijos (Jiménez, Musitu y Murgui, 2005), así como la mantención de los lazos afectivos entre padres e hijos, pese a que éstos últimos comiencen a formar nuevas relaciones con amigos y parejas, son fuentes de apego que deberían continuar fomentándose en el seno familiar (Fuentes et al., 2003). De la forma cómo el sistema familiar se organice para desempeñar sus funciones, dependerá el ideario que los adolescentes se vayan formando acerca de su familia, como su primer grupo de referencia social. Así, la percepción del adolescente acerca del funcionamiento de su entorno familiar, podría variar entre:  Funcionalidad familiar, donde los adolescentes perciban que se les toma en cuenta en la resolución de las crisis internas y externas a la familia, donde se validan las emociones y se permite el desarrollo de sus integrantes como parte de su etapa evolutiva, comprendiendo sus nuevas necesidades, respetando su espacio personal y la autonomía en la toma de decisiones (Muyibi et al., 2010; González et al, 2012). 36  Disfuncionalidad familiar, que implica la poca destreza del grupo familiar para afrontar los cambios evolutivos y las crisis que traen consigo, lo que evita su adaptación y promueve un ambiente poco saludable. Reportes previos dan cuenta de que adolescentes pertenecientes a familias disfuncionales manifestaron indicadores como impulsividad (Negrete y Vite, 2011), bajo rendimiento académico (Moreno y Chauta, 2012), consumo de sustancias psicoactivas (Ashby y Yaeger, 2003), relaciones sociales disfuncionales (Bell y Bell, 1982), síntomas depresivos (Culpin et al., 2013) e intentos de suicidio (Guibert y Torres, 2001). 1.3. Resiliencia 1.3.1 Desarrollo histórico del concepto de resiliencia. Sus antecedentes se orientan al campo de la psicopatología, donde los estudios estaban enfocados en analizar las deficiencias internas del individuo y sus carencias externas como generadores de riesgo para desarrollar trastornos mentales al ser expuesto a condiciones adversas, ello con la finalidad de reducir las posibilidades de riesgo. Sin embargo, no se pudo dar respuesta al por qué algunas personas lograban superar dichas situaciones y desenvolverse adecuadamente en su medio social (Vaquero, 2013). Los planteamientos teóricos se fueron desarrollando en primera instancia en Inglaterra con Rutter, para luego ser desarrollado en Estados Unidos por Werner, extendiéndose posteriormente hacia toda Europa en países como Alemania, España, 37 Francia, Países Bajos, para más tarde desarrollar en América Latina a través de diversos grupos de investigación y proyectos social-comunitarios (Rodríguez, 2009, p. 292). Para entender la evolución histórica del concepto de Resiliencia es preciso señalar que existen tres generaciones de investigadores que han aportado una base teórica sólida a dicho constructo. 1.3.1.1. Primera Generación. Surge a finales de los setenta y plantea que la resiliencia es una habilidad individual que se basa en ciertas características como las habilidades sociales, la autonomía, la autoestima, el nivel intelectual, entre otras, las cuales podrían favorecer la superación de las adversidades. El eje central era identificar las características psicológicas y biológicas que ejercen un rol determinante en la misma. (Gil, 2010; citado en Vaquero, 2013). A partir del modelo ecológico de Bronfenbrenner, se puede ubicar los estudios de esta generación en el microsistema, donde el núcleo es la persona con sus factores individuales, asignándole la capacidad de desarrollar resiliencia por sí misma. 1.3.1.2. Segunda Generación. Por otro lado, la segunda generación, que aparece a mediados de los noventa, da continuidad a los factores estudiados por la primera generación, agregando a sus investigaciones el análisis de la dinámica de interacción entre dichos factores con el contexto social inmediato de la persona como la familia, el colegio, el trabajo, las relaciones sociales, entre otros, los cuales hacen posible la adaptación positiva al medio social pese a las adversidades, 38 enfatizando en aspectos como el proceso, la promoción y el contexto social (García y Domínguez, 2013). Su enfoque se entiende mejor al ubicar dicha generación en el nivel microsistémico y mesosistémico del modelo ecológico de Bronfenbrenner que implica las interacciones entre los entornos en el que se desenvuelve el individuo. El reto que se plantea esta segunda generación es grande al buscar implicar a actores sociales como la familia, la escuela y la comunidad, siendo co-partícipes del desarrollo de una conducta resiliente en los individuos, principalmente en la población infanto-juvenil que se halla en proceso formativo, por lo que resulta más viable que puedan aprender a ser resilientes. 1.3.1.3. Tercera Generación. Comienza a desarrollarse en la primera década del siglo XXI, con un desplazamiento del enfoque centrado en niños y adolescentes que pueden adaptarse positivamente a la sociedad pese a las condiciones desfavorables a los que se ven expuestos, hacia una visión más amplia como el estudio de la resiliencia en colectivos adultos (como madres solteras, adultos mayores) y en organizaciones y estructuras sociales (empresas, familias, la sociedad en general). Los investigadores de esta generación proponen que la resiliencia se desarrolla en las personas a través de un proceso a partir de la colectividad, que implica no solo al individuo, sino también a su contexto inmediato (familia, escuela, trabajo, relaciones sociales), a las políticas públicas, la ideología, la cultura y la moral. Todos ellos van a influir en el desarrollo de personas, familias, empresas y sociedades resilientes. En ese sentido se puede ubicar a la tercera generación en los 39 niveles microsistémico, exosistémico y macrosistémico del modelo ecológico de Bronfenbrenner (Vaquero, 2013). 1.3.2. Conceptualización de resiliencia. El término fue usado por primera vez en el campo de la física para referirse a un material capaz de recuperar su estado original luego de haber sufrido la presión del ambiente ((Kotliarenco et al., 1997; citado en Vaquero, 2013, p. 49). Posteriormente, fue evolucionando en su conceptualización al ser abordado por diversos campos como la economía, la sociología, la medicina, la psicología, la antropología, entre otros. De forma general, en todas las disciplinas científicas que han estudiado la resiliencia, se destaca la definición de una capacidad que puede ser desarrollada por una persona, un objeto o un sistema, que al ser expuesto a una situación desfavorable que podría afectar su integridad, es capaz de adaptarse adecuadamente y superar tal situación. Por ende, el estudio de la resiliencia puede abordarse de forma transversal y multidisciplinar, ya que cada vez más áreas de conocimiento se encuentran implicadas en su comprensión. Desde la perspectiva de la psicología, el estudio de la resiliencia se ha descrito en la esfera individual, familiar y comunitaria. Según Pinto (2014), en la esfera individual, se define como la capacidad para enfrentar las vicisitudes de la vida, adaptarse, fortalecerse y superarse. Mientras que, en la esfera familiar, se define como la capacidad de ajuste del grupo familiar ante una situación adversa, dando una respuesta positiva y usando sus recursos para sobreponerse y fortalecerse. Por otro lado, en la esfera comunitaria hace hincapié a la respuesta 40 colectiva para tomar decisiones significativas ante eventos adversos que afectan a sus miembros, involucrándose cada uno de ellos en la solución y superación. Siguiendo en el ámbito de la psicología, Ryff y Singer (2003; citado en Pinto, 2014, p. 21), manifiestan que entre las características de las personas resilientes se hallan la capacidad de sostener el bienestar físico y psicológico, así como la recuperación efectiva ante eventos estresantes. Para ello, han de valerse de sus recursos personales como la autonomía, autoconfianza, habilidades sociales, nivel intelectual, entre otros, para lograr dicho fin. Por su parte, Fletcher y Sarkar (2013) plantean la existencia de dos elementos que suelen identificarse en las conceptualizaciones de resiliencia que son la adversidad y la adaptación positiva.  La adversidad es entendida como toda circunstancia negativa que se presenta en la vida que puede conllevar dificultades de adaptación en las personas. Dichas circunstancias pueden ir desde conflictos sencillos en la vida cotidiana asociadas a la familia, los estudios, el trabajo y las relaciones sociales, hasta llegar a ser extremas como un desastre natural, eventos traumáticos o sufrimiento humano por duelo, agresión, entre otros.  La adaptación positiva implica valerse de un sistema psicológico que abarca las habilidades de afrontamiento ante situaciones adversas, contribuyendo al ajuste mental, el crecimiento personal y el fortalecimiento de la habilidad para recuperarse emocionalmente con éxito. García y Domínguez (2013) proponen una clasificación de las definiciones de resiliencia en base a cuatro criterios, a saber: 41  La resiliencia asociada a la adaptabilidad. En ese sentido, la resiliencia supone un historial de adaptaciones con éxito, lo cual contribuye a que el individuo presente cada vez menor susceptibilidad ante futuros eventos estresores.  Como capacidad o habilidad. Al respecto se considera a la resiliencia como una capacidad humana universal (Grotberg, 1995) que se desarrolla y precisa ser fomentada desde la niñez. Asimismo, permite manejar la presión para conservar el bienestar y adoptar conductas positivas ante situaciones complejas, a fin de adaptarse de una forma socialmente aceptable.  Implica factores internos y externos. Bajo este criterio se asume que la resiliencia es una habilidad que emerge a partir de la interacción de factores intrapsíquicos y biológicos del individuo con los factores sociales como la familia, la escuela y la sociedad en su conjunto. Por ende, los niños no nacen siendo resilientes, sino que atraviesan por un periodo de formación continua en el que aprenden a afrontar los problemas de la vida de forma adecuada, logrando un ajuste psicológico.  Definiciones de resiliencia como proceso y como adaptación. La resiliencia como proceso se caracteriza por ser dinámica en la medida que confluyen diversos mecanismos emocionales, cognitivos, sociales y culturales, que, al ser adaptativos, favorecen el desarrollo de un comportamiento resiliente. Mientras que la adaptación supone una connotación positiva, es decir, el individuo llega a asumir el problema de forma saludable usando recursos apropiados para afrontarlo. 42 A modo de resumen se puede señalar que las diversas definiciones de resiliencia hacen hincapié en los recursos personales del individuo como sus habilidades, adaptabilidad, baja susceptibilidad a la presión, afrontamiento eficaz, capacidad de resistencia a la adversidad, conductas positivas, habilidades cognitivas, temperamento adecuado para confrontar situaciones desfavorables de la vida y superarlas exitosamente. Además, estos factores intrapsíquicos interaccionan con los factores sociales, los cuales contribuyen en la formación del sistema psicológico del ser humano a través de un proceso evolutivo. 1.3.3. Modelos teóricos de la resiliencia. 1.3.3.1. La metáfora de la casita. El presente modelo teórico fue propuesto por Vanistaendael (2010), en el cual se detallan los elementos de base para la construcción de la resiliencia en el niño y el adolescente, la cual se representa simbólicamente a través de una casa (resiliencia) y los pisos que la componen (factores internos y externos). En ese sentido, cada habitación o piso de la casa representa un campo de intervención para la formación y sostenimiento de la misma. De esta manera, según el autor la resiliencia estaría conformada por:  Las necesidades físicas básicas. Éstas representan el suelo, es decir, los cimientos de la casa, por lo que garantizar su adecuada formación es imprescindible para que la casa tenga un fuerte soporte en su proceso de construcción. Abarca la satisfacción de necesidades como la nutrición, el sueño y los cuidados elementales para la salud del ser humano. 43  El vínculo y la aceptación incondicional. En el esquema se ubican en el subsuelo, representando también los cimientos de la casa. Aquí juega un papel preponderante la figura representativa de amor genuino que requiere todo niño en su entorno social. Se trata de aceptar sin condiciones a la persona, es decir, sin importar su apariencia, salud, capacidades o conductas. Dichas figuras suelen provenir de la familia, los amigos cercanos y maestros, quienes constituyen una red social de apoyo trascendental en la formación psicosocial integral de los menores.  Descubrimiento del sentido de la vida, la cual se representa por la planta baja de la casa. Hace referencia al descubrimiento que hace la persona del valor de su existencia en el mundo y del sufrimiento, lo cual influye en su comportamiento y en su manera de afrontar las circunstancias adversas de la vida.  Autoestima, competencias y aptitudes y el humor constructivo, las cuales simbolizan habitaciones ubicadas en el primer piso de la casa. En cuanto a la autoestima, ésta se establece en la medida que el niño o adolescente cuente con una relación afectiva estable y saludable con sus padres o cuidadores, la cual refuerce el amor propio, la confianza en sí mismo y la autoaceptación. Respecto a las competencias y aptitudes, éstas se desarrollan en la medida que la persona tenga la oportunidad de participar en actividades placenteras y se le asigne los recursos que necesita para obtener sus propios logros, lo cual refuerza su autoeficacia personal. Por otro lado, el humor constructivo hace referencia a la liberación de energía acumulada y al replanteamiento de la visión de la adversidad, 44 transformándola en soportable y como una posibilidad de desarrollo y fortalecimiento de los recursos con los que se cuenta.  Apertura a nuevas experiencias, ubicada en el desván de la casa. Ello hace referencia a la disposición para involucrarse en diversas vivencias y escuchas opiniones y nuevas perspectivas para afrontar situaciones adversas. Al compartir el sufrimiento personal con personas que pasan por lo mismo, se fortalece la esperanza y el sentido de la vida. 1.3.3.2. Teoría de las fuentes de la resiliencia. Propuesta realizada por Grotberg en 1996, quien define la resiliencia como un proceso que implica el saber identificar una situación adversa, el desarrollo de factores resilientes, el despliegue de una serie de comportamientos en respuesta a la adversidad y el análisis de resultados que aportan bienestar emocional y contribuyen a la calidad de vida (Baca, 2013). Según Grotberg (1996; traducido por Suárez, 1996), la resiliencia está constituida por factores como:  Fuentes de soporte externo (Yo tengo), que incluye el soporte primario que reciben los niños de sus figuras de afecto y cuidado, que se da antes de que obtengan conciencia sobre quiénes son y qué son capaces de hacer. El punto principal es que desarrollen sentimientos de seguridad como un paso previo a la formación de conductas resilientes. Una persona resiliente que ha desarrollado esta fuente podría hacer las siguientes afirmaciones basadas en el Yo tengo: o Personas que impulsan mi desenvolvimiento con autonomía. 45 o Personas confiables que me aman sin condiciones. o Personas que me brindan un modelo idóneo de proceder en mis conductas. o Personas que definen límites claros para regular mis decisiones y evitar riesgos innecesarios. o Personas que son mi soporte en situaciones de conflicto, de peligro o cuando requiero aprender.  Fuentes internas o fortalezas personales (Yo soy/Yo estoy) que implican el conjunto de sentimientos, actitudes y creencias adaptativas que ha ido adquiriendo la persona en su interacción con su medio social, que le sirve como recurso de afrontamiento. Una persona resiliente que ha desarrollado esta fuente podría hacer las siguientes afirmaciones basadas en el Yo soy: o Un ser humano digno de aprecio y afecto. o Feliz cuando aporto al bienestar de los demás y soy capaz de mostrar mis afectos. o Respetuoso de mi persona y de la sociedad. Afirmaciones basadas en el Yo estoy: o Dispuesto a asumir las consecuencias de mis acciones, sean favorables o no. o Seguro de que las situaciones pueden ir bien o puede mejorar.  Fuentes de habilidades sociales o interpersonales (Yo puedo) las cuales se obtienen por interacción con el grupo de pares y con las figuras de autoridad en diversos espacios sociales. Una persona resiliente haría las siguientes afirmaciones basadas en el Yo puedo: 46 o Identificar momentos apropiados para actuar o compartir mis ideas con otros. o Expresar mis temores o inquietudes. o Demostrar autocontrol en situaciones de riesgo o inapropiadas para mi bienestar. o Hallar formas adecuadas de resolver mis conflictos. o Buscar y pedir apoyo cuando lo requiero. Finalmente, es preciso señalar que un niño resiliente probablemente no requiera desarrollar todas las fuentes, pero es importante que cuente con varias fuentes que le permita contar con mayor flexibilidad para escoger una respuesta resiliente adecuada. Asimismo, cuando los niños incrementan su seguridad van reemplazando los soportes externos (yo tengo) por habilidades interpersonales (yo puedo), sin dejar de desarrollar sus fortalezas personales (yo soy). (Peña, 2009). 1.3.3.3. Modelo de la promoción de la resiliencia. Panez, Silva y Silva desarrollaron el presente modelo teórico en el 2000, donde consideraron este constructo psicosocial como complejo y multidimensional, que incluye factores individuales, el micro- ambiente familiar y el macro-ambiente sociocultural (Baca, 2013). Los autores plantean que para promover la resiliencia se requiere de la interacción de variables como:  Autoestima, que es entendida como la estimación personal y el reconocimiento de las destrezas y limitaciones personales. Se le considera como la variable central de la resiliencia porque mantiene firme a la persona 47 en situaciones de fracaso o adversidad al considerar su valía y fortaleza para el afrontamiento, siempre que esta variable se halle en un nivel adecuado.  Creatividad, la cual se define como la habilidad para transformar de forma innovadora diversas situaciones. Por ende, podría contribuir a visualizar las dificultades desde diferentes perspectivas con el fin de encontrar soluciones novedosas y eficaces para afrontar con éxito la adversidad.  Autonomía, que vendría a ser la capacidad para identificar y utilizar los propios recursos para afrontar los problemas, sin la necesidad de intermediarios, constituyéndose en una variable psicológica intrapsíquica que impulsa la resiliencia.  Humor, que implica la destreza para asumir una actitud positiva ante los problemas para lograr un efecto tranquilizador y un ambiente agradable que facilite la búsqueda de recursos apropiados para enfrentarlas sin perder el equilibrio emocional.  Identidad cultural, la cual se define como el sentido de pertenencia a una determinada cultura, valorando las similitudes con su grupo y las diferencias con otros grupos. Ello contribuye a que la persona haga uso de los recursos que le aporta su cultura para enfrentar las adversidades. 1.3.3.4. Teoría del rasgo de personalidad. Este modelo fue diseñado por Wagnild y Young en 1993, quienes definen la resiliencia como un rasgo estable del ser humano y comprende cinco componentes que se relacionan entre sí. Shaikh & Kauppi (2010) explican cada uno de ellos: 48  Confianza en sí mismo, que implica el reconocimiento y uso de las propias habilidades para desenvolverse en la vida cotidiana, sin dejar de considerar las limitaciones.  Ecuanimidad, entendiéndose como la capacidad para mantener el equilibrio de la vida personal, asumiendo el control de las experiencias desfavorables a través del uso de respuestas adaptativas ante la adversidad.  Perseverancia, implica acciones encaminadas a persistir en el afrontamiento de los problemas, un deseo continuo de lucha para sobreponerse, involucrarse con tales objetivos y mantener la autodisciplina.  Satisfacción personal, se entiende como la habilidad para asignarle un significado a la vida y evaluar las propias contribuciones para lograr un estado de confort.  El sentirse bien solo, supone la capacidad para desenvolverse de forma autónoma en la vida cotidiana, considerando que hay experiencias que pueden ser compartidas mientras que hay otras que requieren enfrentarse de manera individual. 1.3.3.5. Perspectiva de la Psicología Positiva. En contraparte a la psicología tradicional que solía enfocarse en los efectos adversos que podía sufrir la persona al verse expuesta a una experiencia traumática o adversa, la psicología positiva surge con la finalidad de aportar un enfoque más optimista frente a los mismos hechos, resaltando las capacidades y resistencia del ser humano para sobreponerse a la adversidad, considerando a la persona como un ente activo en su proceso de recuperación (Carretero, 2010). 49 Seligman, quien estableció los cimientos de la psicología positiva, propuso el estudio de las fortalezas y virtudes humanas para comprender fenómenos psicológicos como la felicidad, el altruismo, la satisfacción, y entre ellos, la resiliencia. De esta perspectiva, los estudios acerca de la resiliencia buscan esclarecer las razones por las que algunas personas son capaces no solo de superar, sino de aprender y sacar beneficios de situaciones adversas o traumáticas; mientras que otras personas bajo similares condiciones no consiguen lograrlo. Es por ello que, desde la psicología positiva, no solo se impulsa la superación ante la adversidad, sino que se pone especial atención a la adaptación, satisfacción, el bienestar y la salud mental que promueve la resiliencia en los seres humanos. Fredrickson señala que la resiliencia es una emoción positiva que facilita el afrontamiento a los problemas, y al igual que las demás emociones positivas, ayuda a contrarrestar los efectos fisiológicos de las emociones negativas, permite ampliar la visión del individuo para construir mejores alternativas de solución para recuperarse de las vicisitudes de la vida (Sepúlveda, 2018). Asimismo, se concibe que la resiliencia no es una capacidad absoluta que se adquiere una vez y es eterna, sino que es el fruto de un proceso dinámico en el que confluyen elementos como las circunstancias, el contexto, la etapa de vida, la naturaleza del hecho y la cultura. Dicho de otro modo, es el resultado de la interacción del individuo con su entorno, donde la persona no es la resiliente sino su proceso evolutivo y de construcción de su propia vida la que se caracteriza por ser resiliente (Carretero, 2010). 50 1.4. Adaptación Conductual. Uno de los logros más importantes en la etapa de la adolescencia es conseguir el ajuste o adaptación general, asumiendo los cambios con flexibilidad y apertura. En ese sentido, se pretende abordar los aspectos teóricos que permitan comprender el logro de la adaptación en los adolescentes. 1.4.1. Definición de adaptación conductual. La revisión etimológica del término “adaptación” indica que proviene del latín “adaptare” que por su raíz “ad” implica “a” y “aptare” significa “acomodar”. Por ende, al hacer referencia a un individuo que ha logrado su adaptación, se comprende que ha podido acomodarse o ajustase a las condiciones que lo rodean. Darwin (1859; citado en Cipriano, 2016) hace referencia a la evolución que ha tenido lugar en el ser humano a través de su capacidad de acomodarse a los cambios, las circunstancias y ambientes que lo rodean, para lograr su supervivencia. Esto lo ha conducido a modificar desde los aspectos físicos y biológicos hasta su conducta y personalidad con el tiempo. En ese sentido, Castañeda (2003; citado en Pingo, 2015) afirma que la adaptación alude a la necesidad humana de involucramiento con el medio social para adquirir aprendizajes significativos que conducen a dar mejores respuestas a las demandas de un medio en constante cambio. Asimismo, García y Magaz (2011) señalan que más que una capacidad, es una manifestación conductual que puede llevar a la persona a establecer hábitos para lograr sus objetivos de ajuste al medio. Desde la Psicología, la adaptación se constituye una parte trascendental de las características de personalidad y estabilidad emocional de los individuos como lo señalan Bosque y Aragón (2008; citado en Valdivielso, 2015, p. 197). En esa 51 misma línea, Achenbach y Rescorla (2000; citado en Aragón y Bosques, 2012) plantean que un adecuado ajuste tiene que ver con bajos niveles de conductas internalizantes como sentimientos de soledad, temor, ansiedad, depresión, inferioridad, culpa, tristeza, desconfianza, angustia y neuroticismo; así como de conductas externalizantes como robos, hacer trampas, mentir, conflictos con la autoridad, escapar de casa, romper normas sociales y conductas antisociales. Desde la perspectiva de Piaget, la adaptación se produciría por dos procesos: la asimilación, la cual tiene que ver con la obtención de nueva información para incorporar en las estructuras cognitivas y la acomodación, que se refiere a integrar la nueva información modificando las estructuras cognoscitivas previas (Asto, 2016). Por ende, la adquisición e integración de nueva información que permita al hombre dar respuesta a sus necesidades y demandas del medio social, es lo que permite la adaptación. Por su parte, Davidoff en su libro “Introduction to psychology” (1979; citado en Asto, 2016) aporta un conjunto de características propias de las personas con una conducta adaptada, a saber:  Poseen sentimientos positivos acerca de sí mismos  Busca lograr sus intereses con dinamismo y energía constante  Se consideran competentes y con éxito en la vida  Se relacionan armónicamente con los demás  Actúan con autonomía e independencia  Poseen satisfacción con su vida  Cuentan con recursos para afrontar los problemas. 52 De la Cruz y Cordero (2004; citado en Asto, 2016) definen la adaptación de conducta bajo la perspectiva de los adolescentes como la aceptación de los cambios físicos, la búsqueda de autonomía para la toma de decisiones y gestión emocional, así como el interés en la construcción de relaciones sociales satisfactorias. En dicha definición los autores dan a entender que la adaptación abarca un conjunto de conductas orientadas a lograr un ajuste en diversos contextos de desenvolvimiento de los adolescentes relacionados con el aspecto personal (emocional y físico), familiar, social y escolar. Una definición amplia y contextual que se asume en la actual investigación al permitir fundamentar los hallazgos encontrados y por ir acorde con el modelo ecológico de Bronfenbrenner que aborda los sistemas ambientales en los que se desarrollan los individuos. En líneas generales se puede concluir que la adaptación de conducta se relaciona con el conjunto de acciones que permiten al individuo integrarse a los cambios existentes en su entorno social, respondiendo ante las demandas del mismo y logrando un equilibrio en su ajuste psicológico. Puede entenderse como una necesidad para sobrevivir en el medio o puede considerarse como una capacidad que se desarrolla en el tiempo y en base a las experiencias, pero el fin último es el logro del ajuste de la conducta a las demandas sociales esperadas para una etapa de vida determinada. 1.4.2. Tipos de adaptación conductual. 1.4.2.1. Adaptación Personal. La adaptación personal se relaciona a aquellos aspectos que giran en torno a los asuntos íntimos de la persona e implica una satisfacción con respecto a la imagen personal, a la familia a la que se pertenece 53 y los recursos personales que se posee como las habilidades, capacidades, creatividad y destrezas. Asimismo, está presente la valía personal, la aceptación y una visión positiva de la vida pasada, la creencia de que se posee la capacidad para afrontamiento ante la vida, la percepción de sentirse apreciado por profesores y compañeros, satisfacción con el desempeño que se tiene en situaciones de interacción social. 1.4.2.2. Adaptación Familiar. Abarca un sentido de satisfacción con los miembros de la familia, con las normas y reglas establecidos en el hogar, así como con la forma en que se solucionan los asuntos familiares. Las relaciones y el trato mutuo son respetuosos ante la percepción del adolescente, el clima familiar es cálido y se siente como un miembro importante en el seno familiar, considerado y valorado genuinamente. Respecto a la disciplina, percibe respeto e idoneidad y considera que satisface las expectativas que su familia tiene respecto de él. 1.4.2.3. Adaptación Escolar. Los indicadores de una adaptación escolar para el caso de los adolescentes serían la valoración por las enseñanzas que obtienen en el colegio, reconocen la utilidad de las mismas en sus vivencias diarias. Además, se sienten satisfechos con la organización, normas y disciplina que ejerce el colegio al que pertenecen, así como con las relaciones con los profesores y compañeros de clase, perciben como satisfactorio el clima general del centro educativo y se sienten libres de presiones y demandas injustificadas. 1.4.2.4. Adaptación Social. La adaptación social se refiere a las habilidades para establecer relaciones interpersonales satisfactorias que perciben los adolescentes como parte de sus recursos. La participación en grupos organizados y 54 el disfrute de reuniones sociales, la organización para los juegos y diversiones, la facilidad para hablar en público y representar a su grupo y resolver conflictos en su círculo de amigos, son características de un adolescente adaptado socialmente. 1.4.3. Desadaptación conductual en los adolescentes. Durante la travesía de la adolescencia se suelen presentar condiciones favorables y otras adversas para el bienestar de los adolescentes. Cuando lo que predomina son las situaciones adversas puede generarse inestabilidad emocional en la persona y con ello un conjunto de acciones encaminadas a lograr su ajuste a los cambios, o por el contrario, las acciones orientadas a la huida o evasión por falta de recursos personales y soporte social para enfrentar los problemas. Cabe señalar que la desadaptación producida en un ámbito suele relacionarse con dificultades en los demás, existiendo una interdependencia entre los ámbitos familiar, social, personal y escolar. Por ende, las situaciones adversas que se plantean a continuación en función de cada ámbito de desarrollo de los adolescentes están interconectadas con dificultades en los demás. 1.4.3.1. Desadaptación en el ámbito personal. La insatisfacción personal con las características propias induce al adolescente a reducir sus posibilidades de ajustar sus pensamientos, emociones y conductas con las situaciones sociales a los que se ve expuesto. Algunos factores que podrían estar influenciando en la insatisfacción del adolescente consigo mismo son los estereotipos físicos y sociales impuestos por los medios de comunicación, incluyendo las tecnologías; asimismo, las exigencias del entorno familiar y social podrían estar rebasando la capacidad del joven para dar respuesta a las mismas creyéndose poco capaz. 55 Debido a la falta de acomodación entre las características personales y las exigencias del medio, comienzan a surgir una serie de dificultades que dan indicios de la desadaptación personal del adolescente como un bajo nivel de autoestima y autoconcepto, sentimientos de inferioridad e inseguridad al relacionarse con otros, rechazo hacia su físico y personalidad, culpabilidad, aislamiento social, tristeza, ansiedad, carencia de una identidad propia, agresividad, excesiva frustración, entre otros. Frente a dicha situación las posibilidades de enfrentar los retos y cambios de la vida se ven disminuidos cuando el adolescente minimiza sus recursos personales y pierde su valía personal, distorsionando su percepción respecto a los sentimientos de los demás hacia su persona. 1.4.3.2. Desadaptación en el ámbito familiar. La dinámica familiar disfuncional en la que predomina la ausencia o rigidez de límites, carencia de normas y reglas claras, la escasez de recursos para solucionar los problemas familiares con destreza y respeto por todos, distorsiones en la comunicación entre padres e hijos, un clima familiar poco cálido y cargo de estrés, las dificultades de los padres para adaptarse a los cambios de la etapa adolescente, entre otros aspectos, terminan por arruinar las relaciones familiares. Definitivamente la lucha por la autonomía es el principal conflicto entre padres e hijos adolescentes, donde la ausencia de negociación, comprensión, comunicación y adecuada supervisión puede llevar a los jóvenes a desarrollar conductas rebeldes, aislarse de su familia para buscar otros espacios sociales donde encajar, siendo en esas circunstancias donde muchos de ellos se insertan en grupos 56 sociales desadaptativos al no contar con la madurez necesaria para tomar decisiones apropiadas. Jacobson y Crockett (2000; citado en Chan, 2006) buscaron probar si el monitoreo de los padres, entendido como conocer a los amigos de sus hijos adolescentes y saber acerca de las actividades que éstos realizan, sin intervenir para ejercer un control, se asociaba con el ajuste psicológico. Las evidencias indican una importante asociación entre el monitoreo paterno y el ajuste psicológico expresado por mejoras en el rendimiento académico y bajos niveles de depresión, conductas sexuales de riesgo y delincuencia. Asimismo, Cabrera et al. (2006; citado en Aragón y Bosques, 2012) en su estudio demostraron que el monitoreo parental se asociaba al ajuste psicológico de los adolescentes, mientras que el trato brusco y el control psicológico se relacionaron con conductas de desajuste psicológico relacionadas a la agresividad y rompimiento de normas. 1.4.3.3. Desadaptación en el ámbito escolar. Este tipo de desajuste puede expresarse a través de un bajo rendimiento académico, desmotivación y rechazo hacia los estudios, relaciones conflictivas con los profesores y compañeros de clases, trastornos de conducta y ser parte del círculo del bullying. Los factores que están asociados a dichos indicadores de desajuste es