La presente investigación, enmarcada en la educación superior, tuvo como objetivo sistematizar las experiencias de las prácticas clínicas para analizar el proceso formativo de los internos de enfermería en un hospital público de Lima. A través de un diseño cualitativo de sistematización de experiencias, se realizó una reconstrucción y análisis crítico de las vivencias de los internos, exploradas mediante entrevistas. El estudio se centró en cómo se desarrollan competencias clave a través del aprendizaje experiencial, analizando las dimensiones de autonomía, compromiso social, trabajo en equipo y uso de equipos biomédicos. Los hallazgos revelan que el tránsito de la teoría a la práctica es un proceso complejo; los internos inician con inseguridad, pero desarrollan progresivamente autonomía mediante la reflexión. Su compromiso social se potencia en el contexto clínico real, con un enfoque de cuidado humanizado. El trabajo en equipo es valorado como una herramienta de aprendizaje, aunque se ve limitado por las condiciones del entorno. Finalmente, se identificó una brecha formativa crítica en el manejo de equipos biomédicos, evidenciando una desarticulación entre la formación universitaria y la demanda tecnológica. Este estudio concluye que las prácticas clínicas son un escenario educativo fundamental y resalta la necesidad de implementar estrategias pedagógicas mejoradas, optimizar los entornos de aprendizaje y fortalecer el apoyo institucional para consolidar la formación de los futuros profesionales de la salud.
Framed within Higher Education, this study aimed to systematize the clinical practice experiences to analyze the educational process of nursing interns at a public hospital in Lima. Using a qualitative design of systematization of experiences, acritical reconstruction and analysis of the interns' lived experiences were conducted through interviews. The research focused on how key competencies are developed through experiential learning, analyzing the dimensions of autonomy, social commitment, teamwork, and the use of biomedical equipment. Findings revealed that the theory-to-practice transition is a complex process; interns initially experienced insecurity but progressively developed autonomy through reflection. Their social commitment was enhanced by the real clinical context, fostering an empathetic and humanized approach to care. Teamwork was valued as a learning tool but was hindered by environmental constraints. Finally, a critical formative gapwas identified in the use of biomedical equipment, highlighting a disconnection between university training and technological demands. This study concludes that clinical practice is a fundamental educational setting and under scores the need for enhanced pedagogical strategies, improved learning environments, and stronger institutional support to refine the training of future health care professionals